Energía nuclear en Paraguay: entre lo deseable y lo posible

Desde hace un tiempo se instaló en el país la preocupación por encontrar nuevas fuentes de generación eléctrica que acompañen el crecimiento de la demanda. En ese contexto, además de la energía solar, se viene mencionando la posibilidad de una próxima inserción de la energía nuclear en la matriz energética paraguaya. Pero esta alternativa se topa con nuestra realidad: carecemos de estructura jurídica, autoridad institucional, capital, tecnología y recurso humano especializado. Además, el costo de inversión y el costo del MWh de una central nuclear modular (SMR) son muy superiores a los de las fuentes alternativas que el país ya puede implementar hoy.
Ing. Guillermo López Flores

El espejismo de los data centers y las electrointensivas
Se menciona a menudo que los grandes proyectos de data centers para IA, industrias electrointensivas (PtX), industria pesada o criptominería podrían instalar sus propias centrales SMR. Quienes sostienen esto parecen ignorar que este tipo de inversiones se interesa en Paraguay precisamente por su energía eléctrica barata, que compensa desventajas estructurales como la inseguridad jurídica, la falta de infraestructura de fibra óptica de nivel mundial o una logística de transporte más costosa que la de otros destinos. Un SMR —con un costo nivelado de energía muy superior al de la hidroelectricidad paraguaya— eliminaría de un plumazo la única ventaja competitiva que hoy atrae a esas inversiones.

Lo que exige realmente un programa nuclear
La energía nuclear requiere cumplir un conjunto riguroso de requisitos legales, institucionales y compromisos internacionales, según el marco de referencia que usa el OIEA para evaluar a los países "newcomer" (el llamado Milestones Approach):
Marco legal:
• Ley nacional de energía nuclear/atómica.
• Ley de seguridad radiológica y nuclear.
• Régimen de responsabilidad civil por daño nuclear.
• Marco de licenciamiento para sitio, construcción, operación y clausura de instalaciones.

Marco institucional:
• Organismo regulador independiente, separado del promotor/operador, con autoridad legal, autonomía técnica y presupuestaria, y capacidad de fiscalización, sanción y cierre de instalaciones —considerado por el OIEA uno de los pilares más críticos.
• Sistema nacional de gestión de residuos radiactivos y desmantelamiento, con financiamiento asegurado desde el inicio del proyecto (fondo de decomisionamiento).

Compromisos internacionales:
• Acuerdo de salvaguardias amplias con el OIEA, más el protocolo adicional, que habilita inspecciones para verificar el uso exclusivamente pacífico.
• Convención sobre seguridad nuclear y convención conjunta sobre gestión de combustible gastado y residuos radiactivos (según el tipo de instalación).
• Convención sobre pronta notificación de accidentes nucleares y convención de asistencia en caso de accidente nuclear.

A esto se suman requisitos transversales que el OIEA exige evaluar en paralelo: capacidad de la red eléctrica para absorber la unidad, financiamiento asegurado (soberano o privado), desarrollo de recursos humanos especializados, involucramiento industrial local y aceptación social.

Lo posible: empezar por lo pequeño
Mientras se construye ese ecosistema institucional —que según estimaciones de formación de recursos humanos puede tomar de 7 a 10 años—, sí sería posible avanzar con la instalación de un reactor de investigación y producción de insumos médicos. Comenzar con un reactor de investigación de baja potencia (entre 100 kW y 1 MW, tipo TRIGA o similar), a cargo de la Universidad Nacional de Asunción o de la Universidad Politécnica Taiwán-Paraguay (UPTP), coincide exactamente con el enfoque por etapas que recomienda el OIEA para países nuevos en la materia.

Un reactor de este tipo permitiría:
• Formar a la primera generación de operadores, reguladores e ingenieros de forma local, en vez de depender de una década de formación en el exterior sin infraestructura doméstica de práctica.
• Construir la cultura regulatoria y de seguridad de la futura autoridad reguladora con un activo de bajo riesgo, antes de licenciar cualquier instalación con fines de generación eléctrica.
• Sentar una base para eventual producción de radioisótopos de uso médico, aunque para eso probablemente se necesite un reactor de mayor potencia (entre 1 y 10 MW), como referencia el RA-3 argentino de Ezeiza (10 MW) o el RP-10 peruano, recientemente actualizado también a 10 MW.

Ese camino —modesto, gradual y alineado a la experiencia de otros países de la región— parece hoy la única inserción nuclear con lógica propia para Paraguay a corto y mediano plazo: no compite con la solar ni con la hidroelectricidad en el problema energético del país, sino que resuelve un objetivo distinto y perfectamente compatible: formación de capital humano y capacidad institucional.