Opinión

Cargos en binacionales siguen siendo simples “botines de guerra”

Los cargos en la alta administración de las entidades binacionales Itaipú y Yacyretá para nuestra pretendida “clase política”, siguen siendo verdaderos “botines de guerra”, otorgables, en primer lugar, a la plana mayor o al cuerpo de “comandantes” - o simplemente aliados- del partido, ala del partido o movimiento que hizo posible su acceso al poder.

Con el advenimiento del gobierno de Mario Abdo Benítez (ANR), también de los que le precedieron, inclusive el que izó el estandarte del progresismo, si hubo cambios en esta conducta, esos cambios, para la abrumadora mayoría de la población, fueron imperceptibles.

Lamentablemente, en esa febril repartija de canonjías, la defensa de los intereses nacionales en esas trincheras que aún tiene la República, queda relegada a planos secundarios, incluso ignorados.

El nuevo Ejecutivo, como todos esperaban, relevó a directores y consejeros de las entidades binacionales, salvo contadas excepciones, sin importarle que hayan sido ineficientes en el ejercicio de sus funciones, o poco propensos a defender los intereses nacionales, sino porque su acceso al poder implica el acceso a los beneficios del poder, e Itaipú y Yacyretá son los que mejor pagan, incluso si limitamos nuestra observación a la asignación salarial de los mismos. En definitiva la repartija de “botines” tras la contienda electoral para preservar alianzas e inclusive las “amistades políticas”.

En la entidad paraguayo/brasileña el salario de un director (son seis) supera los Gs. 100 millones, el del consejero (también seis, más un representante de la Cancillería) traspone los Gs. 80 millones.

En Yacyretá, un ente que trastrabilla sobre la cornisa de la quiebra, según los justificadores de las Notas Reversales Nº 2/17 y Nº 6/14, la situación no es muy parecida. Los ingresos mensuales del director (uno sólo en este caso) superan los Gs. 90 millones; en tanto que los del consejero (cuatro en este caso), arañan los Gs. 80 millones.

Si evaluamos el monto de estas asignaciones desde la perspectiva de la calificación, o simplemente del eficiente ejercicio de sus funciones, la conclusión es lapidaria, ni directores ni consejeros merecen tales asignaciones

Comencemos con José Alberto Alderete, director general paraguayo interino de Itaipú, es un egresado de la facultad de Economía de la UNA, sin experiencia en el sector Energía, pero con méritos partidarios. Fue ministro de Obras Públicas de Nicanor Duarte.

En la EBY, el director interino es Nicanor Duarte Frutos, expresidente de la República entre el 2003 y 2008, no se caracteriza por la defensa de los intereses nacionales, durante su administración estuvo a punto de firmar un acuerdo con Argentina, que admitía que la EBY pague su supuesta deuda con energía (el principio de la Novación).

El Directorio Ejecutivo de Itaipú sobrevive a los desplazamientos, no se explicó por qué; Miguel Ángel Gómez Acosta, que pasará de la Dirección Financiera a la de Coordinación y José Sánchez Tillería, que continúa como director técnico.

Las otras direcciones de Itaipú, como la Financiera, fue cubierta por el nuevo Gobierno con Mónica Pérez Dos Santos, expresidenta del Banco Central del Paraguay, con buena calificación técnica pero sin experiencia alguna en la administración de las binacionales.

A Iris Magnolia Mendoza Balmaceda, nueva directora jurídica ejecutiva, más se la conoce como familiar de un encumbrado político que hizo posible el triunfo de Mario Abdo Benítez en las últimas elecciones, Alberto Cabrera Villalba, director administrativo, carece de currículum en el sector Energía.

En lo atinente a los nuevos consejeros paraguayos, Víctor Raúl Almirón, Marcos Vinicio Caballero Giret, Carlos María Santa Cruz, Isabelino Nemesio Lichi Leguizamón y Víctor Miranda Ocampos, son nombres que se ajustan perfectamente a la descripción anterior: meros beneficiarios en la repartija de los “botines de guerra”.