Opinión

Aña Cuá, un complejo poliedro de problemas


El proyecto de construcción de una nueva central hidroeléctrica en la margen izquierda del brazo Aña Cuá del río Paraná, en pleno territorio paraguayo, que contra viento y marea lleva adelante la Entidad Binacional Yacyretá (EBY), en rigor es un complejo poliedro de problemas.

En efecto, las transgresiones legales que sus críticos, en forma irrefutable, le endilgan, constituyen apenas una cara de esa enrarecida figura geométrica. El creciente costo de la pequeña central, que en menos de 20 años creció un 150% es otra de las facetas, así como la escasamente fundamentada factibilidad técnica.

No debemos olvidar el atropello a la soberanía de la República del Paraguay, por cierto muy maltratada por esta Entidad Binacional, así como en la que hemos conformado con Brasil en Itaipú.

Todo relato debe comenzar por el principio, advierte una vieja enseñanza de maestros de la novelística, regla que también nosotros pretendemos respetar. Arranquemos entonces con el capítulo jurídico. La nueva central hidroeléctrica en el Aña Cuá no puede detectarse ni con un microscopio electrónico en la lista de obras que describe el Tratado de Yacyretá, firmado el 3 de diciembre de 1973, que fue aprobado por las leyes 433 y 20.646 de nuestro país y la Argentina.

El tercer párrafo del numeral I-Objeto del Anexo B (Descripción general …) en el cual se sustentan los responsables del actual engendro, es cierto, confiere atribuciones al Consejo de Administración de la EBY para autorizar modificaciones de obras “durante la elaboración del proyecto y ejecución de las obras o cuando requerimientos del mercado así lo aconsejen”; pero se olvidan de que esas obras se limitan a las que están “descriptas en el presente anexo” (Anexo B) y, una vez más, insistamos, una central en la margen izquierda del brazo Aña Cuá del río Paraná no fue incluida en la lista de obras que describe el Anexo B.

Tan evidente es la transgresión, que la EBY, incluso con la misma administración, intenta disimularlo al cambiar el nombre del proyecto de una nueva central, como lo admitieron en el 2006 al de una simple “ampliación del parque generador de Yacyretá”, que es otro proyecto, previsto inclusive en el Tratado. El propósito de esta maniobra, que de sutil nada tiene, es eludir a los poderes Legislativos de ambos países, porque su construcción implica una modificación del Tratado en instancias indebidas y, por ende, de las leyes 433/73 y 20646 de nuestro país y Argentina que aprueban el Tratado de Yacyretá.

El costo del proyecto de la obras es otra arista que no debe pasar inadvertida, que en menos de un par de décadas, se incrementó de US$ 240 millones a US$ 600 millones, según las estimaciones, incluso de la propia Entidad Binacional. El acrobático salto, por ende, fue del 150%.

El 25 de junio del 2017, en el suplemento económico de ABC Color, el Ing. Axel Cid Benítez Ayala, exdirector de Energía del Viceministerio de Minas y Energía, publicaba un ensayo titulado “Más obras en el complejo Yacyretá se traducirán en más deudas”, en cuyo contexto escribía cuanto sigue: “Lo concreto es que la historia reciente del proyecto Aña Cuá nos muestra que este proyecto ha ido aumentando progresivamente de precio en cada intento de entendimiento bilateral ... Se puede comprobar fácilmente cómo este proyecto pasó de un costo estimado en US$ 240 millones (1998) a US$ 400 millones con el preacuerdo 2006 y llegar ahora a los actuales US$ 600 o 700 millones según las últimas declaraciones”.

Otra comparación, en este caso del kilowatt instalado, engrosa y densifica las dudas con relación al costo del proyecto hecho por el Centro de Docentes de la Facultad de Ingeniería de la UNA (CDI) en noviembre del año pasado, de varios proyectos más o menos parecidos al nuevo plan de la EBY, nos permitirá concluir que el estimado de la nueva central del Aña Cuá es sospechosamente alto.

Según la CDI, Aña Cuá costará alrededor de US$ 2.500 por kW instalado (270.000 kW), incluso más que las tres unidades que programa la EBY adicionar a su actual parque de máquinas, US$ 2.150 por kW instalado; mucho más que el plan de maquinización de la presa Yguazú de la ANDE, US$ 1.500 por kW instalado; que el Hidrosongo de Colombia, US$ 1.707 por kW instalado; US$ 1.132 por kW instalado en el Belo Monte de Brasil; US$ 954 por kW instalado en Ituango de Colombia; US$ 1.607 por kW instalado en Coca Codo de Ecuador y US$ 1.455 por kW instalado en el Hidroaysen de Chile.

A pesar de estos cuestionamientos, y de otros que hoy, por razones de espacio no tocaremos, el proyecto sigue con las velas desplegadas. El 16 de abril la EBY recibió la propuesta
de ocho grupos empresarios internacionales para la construcción de la obra civil y el miércoles último las cotizaciones de otros tres para su equipamiento electromecánico.

Creemos que, ante las evidencias denunciadas, inclusive en foros y simposios de especialistas, el gobierno elector está en condiciones y con todo el derecho de revisar lo andado y reclamar una exhaustiva revisión de todo lo que acordaron sus predecesores.

Para concluir extractamos un inquietante párrafo de las conclusiones que remitió a la Cámara de Senadores el simposio de especialistas que se llevó a cabo en la Quinta Ycua Sati de Asunción en noviembre del año pasado … ”La nueva central ...del... Aña Cua no es legal, ni necesaria ni conveniente para la República del Paraguay, y la opinión pública la percibe como un soborno a las élites económicas y políticas paraguayas ..., siendo ofrecida para forzar la aceptación por parte del Paraguay de los hechos consumados de una colosal y espuria deuda no auditada ni comprobada”.