Opinión

Enseñanzas de la leyenda bíblica de David y Goliat

Cuatro años después de que caducara el plazo de 40 años que establece el numeral IX del Anexo C del Tratado Yacyretá nada cambió en la rutina de la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) y lo peor es que, aparentemente, a nadie inquieta y muchos menos indigna esa situación.

La pregunta que inevitablemente sugiere esta experiencia, no muy alentadora por cierto, es si en Itaipú, la central hidroeléctrica paraguayo/brasileña, con una capacidad que casi quintuplica al complejo paraguayo/argentino, nos espera la misma suerte después del 13 de agosto del 2023, fecha en que se cumple el plazo de medio siglo que impone el numeral VI del Anexo C del correspondiente Tratado.

Dirán los defensores del statu quo en las dos entidades binacionales que en Yacyretá hay un Acta de Entendimiento que ya fue firmado por los actuales presidentes de ambos países propietarios del aprovechamiento e inclusive la correspondiente Nota Reversal de modificación del Anexo C suscripta por los respectivos ministros de Relaciones Exteriores. Sin embargo nada dicen de que ambos instrumentos, pese a los meses transcurridos desde su formalización en el nivel de los Poderes Ejecutivos, aún no fue enviado a la consideración de los Poderes Legislativos.

Tampoco explicarán, al menos en forma convincente, que estos instrumentos fueron cuestionados con dureza, e inclusive rechazados, en importantes ámbitos del sector energía de nuestro país, así como del Legislativo y de sus universidades más prestigiosas, como la Católica de Asunción (UCA) y la Nacional de Asunción (UNA).

Hace apenas unos días, en la segunda quincena de marzo pasado, el politólogo norteamericano, con largos años de residencia en Paraguay, Miguel Carter, como corolario de las inquietantes conferencias que dictó en Asunción: “Itaipú, la riqueza energética perdida del Paraguay”, en forma categórica, concluía que una negociación con Brasil - una lección aplicable también en Yacyretá entre cuatro paredes, al estilo diplomático tradicional, nos conduciría inevitablemente a la derrota.

Por ese motivo, el politólogo estadounidense aconsejaba una metodología radicalmente diferente, un procedimiento que, debe admitirse, rechazan visceralmente no sólo las dictaduras, sino también aquellos que, a pesar del advenimiento de la democracia, no han sabido o querido romper con el modo de ser y de gobernar del autoritarismo.

El investigador norteamericano planteaba sin titubeos, que en negociaciones con estos niveles de exigencias, como la que planteará Itaipú a la República del Paraguay - nosotros extendemos a Yacyretá las “graves asimetrías” en el poder y capacidad de negociación entre nuestro país y Brasil, (también Argentina), debemos “aprender de David y Goliat”; la leyenda bíblica que nos enseña que un modesto pastor derrota en desigual duelo al campeón de las fuerzas contendoras, que no solo es un guerrero completo, sino también un gigante, con sus propias armas, que conoce a la perfección, y el respaldo de su pueblo.

Debe incluirse en el proceso de negociación “al pueblo paraguayo, darle protagonismo”, sugería Carter, porque Itaipú es una “causa patriótica, un movimiento cívico amplio, pluralista”. Una participación que habrá de fortalecer “la dignidad del Paraguay”, exponía.

En las tratativas relacionadas con Yacyretá, cualquiera, incluso el más indiferente, concluirá que hubo orfandad popular, nunca quisieron elevar esas negociaciones a la categoría de causa nacional o patriótica, como sugería Carter, en primer lugar porque el Ejecutivo de turno desconfía de los movimientos cívicos y, en segundo lugar, no debemos descartar que la opacidad, la falta de transparencia, en definitiva terminan engordando sus faltriqueras, a pesar de que actitudes de esta índole colisionan frontalmente con los intereses de las mayorías, en definitiva contra los intereses de toda la República.

Insistamos entonces que la “revisión” del Anexo C de Itaipú -también el Acta de Acuerdo sobre Yacyretá- deben elevarse a la categoría de “causa nacional”, sostenida, apuntaba Cartes, por el “calor popular”, con la participación, activa o en la retaguardia, de la mayor cantidad posible de paraguayas. La experiencia recogida en el 2008/2009, pese a sus magros resultados, nos enseña que esa es la fórmula adecuada.